Beneficios de la música para el cerebro y el desarrollo de los niños

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Seguro que muchas veces has oído eso de que utilizamos solo un diez por ciento de la capacidad de nuestro cerebro. Dicen que si lográsemos utilizar el 100% de nuestra materia gris, seríamos capaces de mover objetos con la mente, recordar todo lo que hemos hecho desde el día en que nacimos hasta hoy, o incluso predecir el futuro. De momento, son solo temas para la ciencia ficción, pero cada vez más los neurólogos y psicobiólogos se están interesando por un grupo de personas cuyo cerebro está “mejor aprovechado”: los músicos.

La relación entre la música y el cerebro es beneficiosa no solo a niveles profesionales. Sencillamente, escuchando música se activan en nuestro cerebro varias zonas a la vez. Si tarareamos una cancioncilla fácil, estaremos sumergiendo nuestra mente en mecanismos complejos de procesamiento de sonidos, atención, almacenamiento en la memoria y recuperación de la misma, integración moto-sensorial, etc. Ya sabíamos que el teatro puede mejorar la salud, pero ¿cómo afecta al cerebro, y especialmente al desarrollo de los niños, la práctica continuada de la música?

En solo 15 meses se notan cambios en el cerebro de un niño

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Así procesa nuestro cerebro las ondas musicales.

Cualquier madre asegura que su hijo es capaz de reconocer su voz entre la de todas las mujeres, pero lo que quizás no sepan es que los niños “vienen de serie” con un sistema nervioso preparado para enfrentarse a un mundo lleno de música, según un artículo publicado en la revista Nature Neuroscience. Gracias a esto, los bebés distinguen diferentes escalas y acordes, y muestran preferencia por las combinaciones consonantes sobre las disonantes, por ejemplo.

Partiendo de esta base privilegiada, un entorno musical durante la infancia (padres que llevan a sus hijos a conciertos infantiles, colegios que incluyen eventos de música en su campaña escolar, o aprender a tocar un instrumento desde niño) puede ayudar a “esculpir” el cerebro.

Neurólogos de Canadá y Estados Unidos lo demostraron al comparar a dos grupos de niños entre cinco y siete años. Cada uno de los niños del primer grupo recibió media hora semanal de clase de piano, al contrario que los niños del segundo grupo. Bastó algo más de un año para que los cambios en la estructura cerebral de los niños del primer grupo se evidenciase.

Gracias a escáneres de positrones y resonancias magnéticas, los científicos pudieron comprobar que la práctica de la música tiene beneficios para el cerebro, que aumenta su materia gris especialmente en las zonas motoras, auditivas o visuales. Este estudio abrió muchas puertas a la hora de utilizar la música como terapia para niños con daño cerebral o discapacidades intelectuales.

En cuatro años, los niños que estudian música son mejores en matemáticas

Una de las hipótesis que no se vio confirmada en el estudio anterior, fue la de la transferencia; es decir, que la adquisición de habilidades musicales se refleje en una variedad de capacidades ajenas a la música.

Sin embargo, al realizar el seguimiento de ambos grupos de niños, se dieron cuenta de que esos casos empezaban a darse en aquellos que habían continuado con las lecciones. Por ejemplo, al entender la duración de cada nota en una partitura (una corchea dura la mitad que una negra, que a su vez dura la mitad que una blanca), activaban las mismas zonas cerebrales implicadas a la hora de solucionar operaciones con fracciones matemáticas. También el lenguaje mejoraba. El cerebro utiliza los mecanismos para organizar una serie de palabras en una frase con sentido, de manera similar a los que se dedican para formar una melodía a partir de una serie de notas.

A la edad de nueve años, los niños que estudiaban música respondían de una manera mucho mayor a los ritmos y a las melodías (Discriminación rítmica, RD y Discriminación melódica, MD).

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Mediante una resonancia magnética se apreciaron diferencias en la activación del cerebro entre los niños que practicaban música y los que no, cuando se enfrentaban a una tarea rítmica o melódica.

Una diferencia que se evidenció mucho más al comparar a grupos de adultos, uno compuesto por músicos profesionales y otro que no, tenía una relación especial con la música.

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Cuando la comparación entre músico y no músico se realizaba en adultos, los cambios eran mucho más significativos.

Más aún, en los adultos músicos aumenta también la masa del cuerpo calloso, que supone el puente entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, lo que hace que la información de ambos se integre de manera “multimodal”. Esto significa que son capaces de simultanear los estímulos visuales, auditivos y emocionales, algo importante para un músico, que debe ser capaz de leer una partitura y traducirla en una serie de movimientos a la vez que oye al resto de la orquesta.

Por si los beneficios cerebrales fueran pocos, escuchar nuestra canción favorita libera endorfinas, aumentando las sensaciones positivas y haciéndonos sentir relajados. ¿Necesitas alguna otra razón para empezar a entrenar tu oído?

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