Slava Polunin: “Todos los payasos somos filósofos”

Slava-Snowshow-Foto-Pascal-Ito

“Cuidado, los sueños se cumplen”, reza una advertencia en la puerta del Moulin Jaune, el laboratorio creativo que Slava Polunin, presidente de la Academy of Fools (Academia de Payasos) tiene en Francia. Si bien este es el cargo del que se siente más orgulloso, no es su único mérito. Polunin es el director artístico del Circo Bolshoi de San Petersburgo, es Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de la República Francesa, ha sido miembro del Circo del Sol, y es, ante todo, payaso.

Este hombre de mediana estatura, barbudo, con ojos chispeantes y una maraña de pelo largo y gris, parece tener una energía infinita, y a pesar de su edad, no tiene ánimos de retirarse: “Mi mayor disfrute es crear fantasías conjuntamente con el público”.

“Los payasos queremos ser amados”

Quizás por esto, el clown “creció” dentro de él. Y es que según las líneas maestras de la Academy of Fools, no todo el mundo puede convertirse en payaso, sólo aquellos que lo son. “Un payaso es en realidad como un niño. Tenemos la misma urgencia y necesidad de libertad. Es imposible para un niño sentarse quieto durante más de cinco minutos y, como los payasos, reclaman siempre ser el centro de atención. Nosotros también queremos ser amados”.

Sin embargo, se necesita también de mucha psicología y de aquel gnosce te ipsum del oráculo griego: “La mayor pregunta para un payaso es su máscara: a veces la buscas durante toda tu vida. Pruebas diferentes maneras, diferentes variedades: un día encuentras un trozo de maquillaje que te sirve; otro, una ropa determinada; otro, un detalle de su personalidad, el ritmo, el caminar. Pero primero tienes que encontrarte a ti mismo. Al final, todos los payasos somos filósofos”.

Combinar, entonces, madurez con ingenuidad parece ser la clave del clown. “Toda persona en este mundo tiene creatividad y talento, es solo una cuestión de sacarlo fuera, de abrir la puerta”, dice pensativo Polunin.

“Lo que sale del corazón, llega al corazón”

Para facilitarnos esa tarea, nace Slava’s Snowshow. El espectáculo, que se ha visto en más de 30 países y 120 ciudades, nació con la intención de “ayudar a la gente que viene al teatro a descargar de la responsabilidad de la adultez a los niños que fueron…”. Corría el año 1993. Desde entonces, no ha dejado de representarse, ha ganado un premio Tony en 2009, un Laurence Olivier en 1998, y el premio de la crítica del Festival de Edimburgo en 1996. Pero Polunin no se cansa: “Todavía no he tenido bastante de Snowhow. Corro al teatro como un amante va a su cita”.

payasos slava snowshow

Un momento del espectáculo ‘Slava’s Snowshow’.

El éxito de este espectáculo se resume, según la compañía de Slava, en una frase: Lo que sale del corazón, llega al corazón. Además, Polunin explica que se debe a la recuperación de la verdadera esencia de los payasos:

“La gente piensa que los payasos son para fiestas de cumpleaños o que es algo aburrido y pasado de moda. Esto es porque no hemos visto verdaderos payasos en siglos, desde las películas mudas. ¡La tradición de los payasos es muy sofisticada! Con el circo ocurre lo mismo. Comenzó a perder su público cuando perdió su sencillez, su emoción poética. Alcanzó niveles increíbles de habilidad técnica, todo el mundo decía “ohhhhhh” cuando veían un salto mortal en zancos a través de dos anillas. Pero ¿y después? No había sencillez, no había ternura ni ingenuidad. ¿Qué pasa con el alma?”.

Para contrarrestar esta tendencia, Slava decidió hacer un espectáculo que nos devolviera a nuestros sueños de infancia. Todo lo que pide es que dejes la puerta abierta a tu imaginación: “Básicamente, somos agents provocateurs. Nuestro objetivo principal es conseguir que el espectador cree su propio mundo, el espectáculo es solo una excusa para ello”.

¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que te reencontraste con tu niño interior viendo un buen espectáculo?

Fotos: Pascal Ito / A. López

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